Roberto Piazza es mucho más que un nombre en la moda argentina: es un referente icono de la Alta Costura con más de cincuenta años de trayectoria, un artista que ha convertido el oficio en un lenguaje propio. Nacido y criado entre telas y agujas en un taller de Santa Fe de la Veracruz, Piazza absorbió desde muy joven el universo femenino que lo rodeaba y comenzó a experimentar con el diseño a los quince años. Desde sus primeros desfiles caseros hasta las pasarelas más exclusivas de Buenos Aires, ha sabido mantener un estilo audaz, sofisticado y reconocible, equilibrando creatividad y comercialidad, incluso en un país donde la moda es un desafío constante.

El diseñador ítalo-argentino no es solo moda: es un creador con carácter y convicciones firmes. Su mirada sobre la política, la sociedad y la cultura es directa y sin filtros, y sus opiniones sobre la industria reflejan un compromiso profundo con el oficio y la autenticidad. En sus escuelas enseña la práctica intensa, el trabajo manual y el aprendizaje desde el error, mientras él mismo sigue innovando, produciendo Alta Costura y lanzando proyectos como su documental y su próxima película, El grito del alma, que promete contar su vida desde la infancia hasta hoy con toda la fuerza de la verdad. Os invito a descubrir su cercanía y empatía, algo que hace que cada conversación con él sea única.
¿Qué te llevó a adentrarte en el mundo de la moda y a convertirte en un referente ítalo-argentino?
“En realidad, yo me crié en un taller de costura con mi madre, en Santa Fe de la Veracruz (Argentina). Nací, crecí y me crié dentro de un taller, siendo el menor de la familia, y ahí fui absorbiendo todo lo que era el universo femenino. Mi madre conocía y sabía cómo ir muy elegante. A mis 15 años, en 1975 exactamente, le dije a mi mamá que quería que me cortara una túnica, que yo quería pintarla, teñirla y venderla, porque quería trabajar de eso. Pasaron 50 años. Al mes de esa túnica estaba haciendo el primer desfile de mi vida en mi casa, con mi vieja, con mi madre, que pensaba que mi papá no quería nada, que estaba en contra de todo lo que yo hacía. Pero hice eso y trabajé en Santa Fe durante seis años. En el 81 me fui a Buenos Aires y ahí empecé de cero, hasta llegar a esto. Siempre digo que nací en Santa Fe; me hubiera gustado nacer en Roma (risas)”.
¿Qué sensación te produce mostrar tu postura política con tanta claridad y sin reservas?
“Es la primera vez que expongo mi postura política. Cuando empezó el kirchnerismo y sentí que me estaban utilizando, empecé a luchar por la ley Piazza y por el cambio; por los libros que escribí, por la fundación contra el abuso infantil, por la traición de Cristina Kirchner hacia mi persona y por un montón de corrupciones que vi. Ahí me involucré. No soy político ni voy a serlo, ni quiero subsidios ni dinero ni nada; solo quiero tener una Argentina en la que, me quede o no me quede, yo esté tranquilo y sin amenazas. Me siento muy bien, la verdad: no tengo miedo a nada ni me importa nada. Yo digo lo que pienso y, al que le guste, bien, y al que no, que se vaya a la m…”.
Si pudieras eliminar alguna de tus declaraciones, ¿cuál sería?
“No, yo no quisiera borrar ninguna declaración que hice porque pienso todo el día y tengo todo teorizado; ya no tengo 20 años, ni 30, ni 40, ni 50, vivo teorizando y escuchando. Por ahí, cuando alguien me molesta mucho, contesto muy mal, reacciono de mala manera, pero si me preguntan las cosas bien, yo voy a responder tranquilo. Si me toreas o me buscas pelea, voy a contestar mal, y la gente dice: ‘¡Ay, qué ordinario!, ¡qué guarango!, que esto, que lo otro’. No me interesa lo que diga la gente. No borraría nada. La vez que dije algo que no correspondía pedí perdón, que fueron muy pocas en mi vida, y todos los que me hirieron y me siguen hiriendo jamás me pidieron perdón. La única que me pidió perdón fue Mirtha Legrand, porque me dijo que yo podía violar a mi hijo y me pidió perdón en público, en un desfile. Después, todos los que hablaron de mí se callaron la boca. No les presto importancia, sigo adelante y jamás voy a borrar nada de lo que digo; no borro con el codo lo que escribo con la mano”.
En tiempos de crisis en Argentina, ¿cómo logras equilibrar tu visión creativa con las exigencias comerciales de tu marca?
“En estos momentos hago Alta Costura solamente, no hago prêt-à-porter ni ropa urbana. La gente va en busca, en Buenos Aires y donde vaya, de cosas creativas; la mujer quiere algo bueno, maravilloso, increíble, fantástico, que la deje hecha una reina, pero que no sea costoso: es imposible. Entonces prefiero vender un vestido bueno que diez porquerías, aunque en estos últimos años traté de acomodarme. La creatividad fluye y es extrema: hago cosas muy buenas y diferentes, pero que se puedan vender, porque si no me deliro y empiezo a hacer cosas muy extravagantes o sofisticadas, y esos vestidos no se compran. A pesar de que me encanta diseñar cosas muy exclusivas, en Argentina no lo puedo hacer. Si estuviese viviendo en Roma, Milán, París o Londres, por ahí lo haría, pero en Argentina trato de adaptarme. De igual modo, soy el único en mi país que hace cosas súper llamativas y sofisticadas. Sinceramente, bajo dos teclas de creación y hago lo mismo, pero lo más importante para mí ahora es hacerlo y que se venda para poder seguir haciendo más”.
«No me interesa lo que diga la gente. No borraría nada. La vez que dije algo que no correspondía pedí perdón, que fueron muy pocas en mi vida, y todos los que me hirieron y me siguen hiriendo jamás me pidieron perdón«.
¿Qué sensación te provoca escuchar a quienes hablan de tendencias solo para ganar seguidores en Instagram, sin tener experiencia real en el sector?
“Hay mucha gente que habla, muchos novatos que aparecieron y se creen diseñadores, productores, críticos o periodistas de moda, o expertos en moda, pero no son nada; hay mucha falta de cultura. En Argentina, el populismo peronista y kirchnerista hizo que todo se vaya por la borda y aparezcan personajes que compran fama regalando un vestido a una periodista, a un cronista o a un director de revista o de canal, y duran una temporada, dos, tres años. Yo llevo 50 años en esto y sigo trabajando bien, aunque nadie se vende como antes, porque el país está resurgiendo entre cenizas con el kirchnerismo. Los estudiantes universitarios son fatales: estudian indumentaria y no saben ni lo que es una seda natural, ni un trapeado, ni cómo pegar una lentejuela o un canutillo. Por eso, en mis escuelas enseño el oficio y el arte de la moda, que en muchas escuelas terciarias queda como una excusa; se tiene que practicar a mano, con los dedos rotos y sin dormir horas y horas, para crear, trabajar y aprender del error. Cuando escucho a gente que habla y se hace la figura de los Top Fashion, me da mucha gracia”.
¿Cómo logras mantener la integridad de tu marca, Roberto Piazza?
“Mantener mi nombre es una cuestión difícil; llegar es facilísimo, pero lo más complicado es sostenerlo, porque son 50 años de estar en esto. Hay años maravillosos y otros más bajos, pero lo importante es no desaparecer. Hoy, Argentina está completamente metida en la política: en la televisión solo se habla de política, en diarios y revistas nadie se interesa por otra cosa, y todo el mundo está en contra. Hasta me dicen que soy un gorila por hacer ropa de lujo, así que tengo que lidiar con una sociedad embrutecida y empobrecida, salvo un grupo de mujeres que me sigue desde hace años. Lo ideal es no prestarles atención, seguir adelante, continuar haciendo perfiles y desfiles importantes, aunque sea complicado. A pesar de todo, tuve buenos años”.
¿Qué sensación te provoca el paso del tiempo y todo lo que has logrado a lo largo de tu trayectoria?
“El paso del tiempo me pone loco; me aterra, me da pánico, me da angustia, lo detesto, porque se refleja en el espejo, en los cambios culturales y en un montón de cosas, es inevitable. No se puede cambiar, por más que vayas a un cirujano plástico: te pueden arreglar por fuera, pero la vida pasa rapidísimo. Yo ya no puedo creer que se hayan cumplido 50 años de trayectoria. En realidad, sí me afecta, mucho. Pero no puedo hacer nada y, sin embargo, sigo. Por ejemplo, me llamaron de Diputados para hacer una muestra de Art Couture, arte en la costura, en la Cámara de Diputados de la Nación en Buenos Aires. Ya tengo bastantes proyectos; me están llamando senadores y otros para hacer cosas de cultura y filantropía. Todo esto que cuento significa mantenerse. Mientras tenga ese tipo de actividades, no me doy cuenta de que pasa el tiempo”.
Tu película, que narra toda tu historia, está en camino. ¿Puedes contarnos un poco sobre ella?
“Ya grabé un documental, con mi sobrino y con autorizaciones firmadas para la película. Se llamará El grito del alma, bajo la dirección de Martín Murphy – reconocido Director de cine argentino – y es la historia de mi vida desde el abuso infantil hasta la ley Piazza, desde que nací hasta hoy, con todo lo que pasó en el medio, todo, todo, todo lo bueno, lo malo y lo feo. Sin pelos en la lengua, será una película muy fuerte, muy buena. Primero se presenta el documental y luego la película, ya están todos los actores elegidos, y después de lanzarla se irá a alguna plataforma como Netflix o Disney. Será fuerte y dura porque hablará de cosas reales, en primera persona. Yo aparezco al principio y al final. Se contarán historias de muchas personas. Estoy feliz por este proyecto. Mi vida y la vida es movida, pasamos del color negro, del rosa al rosal rojo, el rojo, el gris al blanco y así seguimos para adelante. No existe la milagrosa, Dios te da la vida y con la vida tienes que hacer lo que te regalaron, hasta que la vida termina, que la verdad me di cuenta ahora que es corta. Ya tengo 66 años y no tengo mucho tiempo para esperar nada, pero seguir adelante como sea”.
En esta entrevista, Roberto Piazza ha compartido su visión sobre la moda, la política y la sociedad argentina, así como los desafíos de mantener su marca durante más de cincuenta años. Desde su experiencia en Alta Costura hasta sus próximos proyectos, incluyendo su documental y película, el diseñador ítalo-argentino ofrece un testimonio único sobre la creatividad, la perseverancia y la pasión que han definido su trayectoria.
¡Gracias, Roberto!

