Sevilla tiene la capacidad de conquistar desde el primer paseo. Sus calles estrechas, sus plazas llenas de vida y ese ritmo pausado que invita a detenerse hacen que un fin de semana sea suficiente para enamorarse. Es una ciudad que se recorre con los sentidos, donde cada rincón guarda una historia y una sorpresa. Uno de los rincones favoritos de los turistas, la Plaza de España destaca por su arquitectura monumental, sus azulejos artesanales y su belleza histórica.
El barrio de Santa Cruz es el punto de partida ideal. Perderse entre sus callejuelas blancas, descubrir patios escondidos y dejarse llevar hasta la Catedral y la Giralda es una experiencia imprescindible. Un dato curioso: la Giralda fue originalmente un minarete almohade, y hoy sigue siendo uno de los campanarios más altos de Europa, al que se puede subir caminando gracias a sus rampas interiores, diseñadas para subir a caballo.

Muy cerca, el Real Alcázar sorprende por la delicadeza de su arquitectura y sus jardines. Es el palacio real en uso más antiguo de Europa y ha servido de escenario para series y películas internacionales, un detalle que añade un punto contemporáneo a su historia milenaria.
La orilla del Guadalquivir ofrece otro de los grandes placeres sevillanos. Pasear al atardecer por Triana, cruzar el puente de Isabel II y sentarse en una terraza con vistas al río permite entender el carácter abierto y alegre de la ciudad. Curiosamente, el nombre Guadalquivir proviene del árabe al-wadi al-kabir, que significa “el gran río”.
La gastronomía es parte esencial del viaje. Tapear sin rumbo fijo y compartir platos tradicionales forma parte del ritual local. Sevilla es, además, una de las ciudades con más bares por habitante de España, lo que explica por qué el tapeo aquí es casi una forma de vida.

La ciudad también vive de su cultura y tradiciones. El flamenco, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tiene en Sevilla uno de sus grandes epicentros. Y un último dato que enamora: se dice que la ciudad tiene más de 300 días de sol al año, una de las claves de su luz inconfundible.
Un fin de semana en Sevilla deja siempre ganas de volver. Porque más allá de los monumentos y las curiosidades, lo que realmente permanece es su atmósfera, su luz y esa manera tan especial de hacer sentir al visitante como en casa desde el primer momento.

