El agua caliente sobre la cara puede dañarte (la rutina de piel de la Reina Letizia te lo enseña)

Descubre cómo pequeños cambios en tu rutina diaria, avalados por dermatólogos, pueden mantener tu rostro hidratado, protegido y luminoso.

Durante años, el agua caliente ha sido el recurso número uno en la rutina de limpieza facial. La sensación de calor y confort hace que la piel parezca más limpia y relajada, y muchas guías de belleza incluso lo recomiendan como imprescindible. Sin embargo, dermatólogos y profesionales de la salud cutánea (y tal vez nuestras abuelas nos lo advertían) admiten que abusar del agua caliente puede causar más perjuicios que beneficios. En las fotos, observamos el rostro de la Reina Letizia quien nos inspira a cumplir pautas para sentirnos frescas y saludables.

La piel del rostro es mucho más delicada que la del resto del cuerpo. El calor excesivo elimina la barrera lipídica natural, dejándola desprotegida y más susceptible a la deshidratación. Los efectos se notan rápidamente: tirantez, enrojecimiento y, con el tiempo, una aceleración de los signos de envejecimiento prematuro. Expertos coinciden en que la temperatura moderada es la clave para mantener la piel saludable.

Además, el agua caliente favorece la dilatación de los capilares, lo que puede provocar pequeñas roturas visibles, conocidas como cuperosis, especialmente en pieles sensibles o con tendencia a la rosácea. Lo que se buscaba como un momento de bienestar se transforma en un daño invisible que se acumula con el tiempo, según confirman especialistas en estética médica.

Los profesionales recomiendan optar por agua tibia, templada y confortable. Permite una limpieza eficaz sin comprometer la integridad de la piel. Para potenciar sus beneficios, se aconseja utilizar limpiadores suaves y específicos según cada tipo de piel: geles cremosos para piel seca, espumas ligeras para piel mixta y jabones neutros para piel sensible. Marcas como Avène, La Roche-Posay o Caudalie ofrecen opciones que respetan la barrera cutánea y ayudan a mantener la hidratación natural.

Cerrando la rutina con un chorrito de agua fría es otro gesto avalado por dermatólogos y esteticistas. Este contraste ayuda a tonificar la piel, mantener los poros limpios y activar la circulación, evitando la irritación que provoca el calor excesivo y aportando luminosidad al rostro. Después, aplicar un sérum con ácido hialurónico y una crema nutritiva sella la hidratación y potencia la elasticidad de la piel.

En definitiva, romper con la regla del agua caliente no significa renunciar al placer de la limpieza. Basta con ajustar la temperatura y combinarla con productos adecuados a cada tipo de piel. Siguiendo el consejo de los expertos y completando la rutina con sérum e hidratante, un pequeño cambio diario puede traducirse en un rostro más cuidado, hidratado y resistente frente a los signos del tiempo.


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Soy argentina, vivo en Barcelona, España, desde hace seis años. Desde 2013 trabajo como periodista en medios de comunicación de Argentina y actualmente mi labor se extiende por Latinoamérica y Europa.

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